Le pide permiso a su mujer para ser infiel

Esto es lo que ocurre si pides permiso a tu mujer para tener una aventura


Hace unos días unos de los consultorios más exitosos de 'The Washington Post' recibió la siguiente pregunta de un hombre angustiado: “Mi mujer y yo llevamos casi 20 años casados y siempre hemos sido fieles.

No sé si recibes este tipo de consultas a menudo, pero: "¿puede mi mujer darme permiso para tener una aventura?”.

La cuestión no debe asombrarnos, más de una vez todos hemos fantaseado con lo mismo, incluso hay quien se habrá atrevido a plantearlo, en tono de broma o en medio de una de esas noches de confidencias que el vino propicia.

Porque lo que el marido, atenazado por la culpa, planteaba a la terapeuta era si podía pedir “una autorización” a su esposa, algo ya hemos tratado en ocasiones bajo el nombre relación de pareja “abierta” o “poliamor”.

La respuesta de la experta no es ningún alarde de modernidad o aperturismo, de hecho, hubiera recibido la misma contestación de una madre a la que le pide opinión sobre cómo proponerle a la nuera la posibilidad de encamarse con otras –con menos sofocos, eso sí–.

“Es extraño que quieras no solo la aprobación de su esposa, sino también la mía. Así que te la daré con delicadeza: No.”
Decúbito supino se ve diferente

Al parecer, el hombre había conocido a una mujer más joven a través de un amigo de trabajo y de repente hubo “fuegos artificiales” entre ambos. “Mi esposa no conoce a la otra mujer y estoy convencido de que tener una aventura no afectará a mi familia ni a mis hijos”, recalca él, y luego añade a modo de culpable confirmación: “Si dice que sí, ¿piensas que sería correcto?”

La respuesta ya la conocen, lo único que la terapeuta alabó fue que no mintiera. Pero incluso siendo sinceros, ¿realmente habría reaccionado él tan campante si la esposa diera su beneplácito? ¿Seguiría su unión matrimonial tan entera como un pastel de bodas antes de clavar el cuchillo o tras un tiempo de solapas con manchas de pintalabios o llegadas tardías y sonrisas bobaliconas solo quedarían las migajas de lo que fue su familia?

Todo depende del objeto de estos deslices pactados, porque tal vez busques sexo, pero, ¿y si encuentras amor? Según Elizabeth Gilbert, autora de 'Come, reza, ama': “siempre que una cultura da su espalda a los matrimonios acordados a favor del matrimonio por amor, las tasas se divorcio se disparan". Porque, como explica la autora, pedimos demasiado a nuestras relaciones de pareja.

Entonces, ¿es la relación abierta que este hombre quiere pedirle a su esposa la solución a un divorcio o, mucho peor, a la frustración vital más absoluta?
Las muñecas rusas del amor

El marido sintió “fuegos artificiales” al conocer a esa mujer joven, pero no cree que su familia se vea amenazada por una aventura. ¿Es posible? La antropóloga Helen Fisher, de la Universidad de Rutgers en Nueva Jersey, afirma que sí. Sentimos al menos tres tipos de amor diferentes y a menudo los confundimos porque están interconectados y tienen una raíz evolutiva común.© Proporcionado por El Confidencial Una cosa es sexo ocasional, ¿pero flores también?

“Es muy posible sentir un profundo apego por una pareja con la que llevamos mucho tiempo, y a la vez estar locamente apasionados por un amor romántico hacia otra persona distinta, y además sentirse atraído sexualmente por otros individuos”, explica Fisher. Lo difícil, no obstante, sentirse romántica y apasionadamente enamorado por dos personas al mismo tiempo, porque el amor romántico, uno de los tres sistemas cerebrales que junto a la lujuria y el apego condicionan nuestros suspiros es obsesivo.

Así que es posible amar a una esposa, suspirar por una conocida y creer que ese hecho no destruirá tu vida. Pero, ¿podemos entenderlo de facto?
Las muñecas vudú de los celos

Según la doctora Fisher los celos cumplen su papel biológico, e incluso a veces pueden ser la salvaguarda de una relación en crisis, al elevar la intensidad y la fuerza de la unión. No obstante, en muchos casos acaban por quemar la relación de pareja.

Si bien quienes llevan una relación abierta se arriesgan, de no exponer con suficiente claridad los límites de la relación, a que los celos los enloquezcan o que propicien una ruptura. Más cuando sabemos que la monogamia, más que un designio de la naturaleza es un constructo social. “La monogamia es antinatural, antes de ser sedentarios la reproducción no se limitaba a una sola pareja, pues cuantas más parejas tuvieran las hembras, mayores posibilidades de alumbrar hijos”, sostiene el doctor en PsicologíaChristopher Ryan, aunque, como dice Ryan, seamos capaces de controlarnos.

¿Y entonces en qué quedamos? ¿Debería el hombre argumentarle a su esposa que necesita un permiso de sexo extramarital por razones darwinianas? ¿O bien consolarla diciéndole aquello de: “tranquila, cariño, tú eres la única mujer que tiene “mi apego”, con las demás solo tendré sexo, cama y algo de poesía?”. Camas redondas, poliamorosos, swingers o relaciones abiertas… Y al final resultó que Joaquín Sabina tenía razón, cuando dijo que “amor se llama el juego en el que un par de ciegos juega a hacerse daño”, y no hay forma de predecir si la partida queda en tablas, gana uno o pierden todos. © Externa ¿Mejor pedir perdón o autorización? (iStock)
Comparte en Google+
    Comenta con bloger
    Comenta con FaceBook

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada