El doble crimen del niño que soñaba con ser sicario

En la mente de Marcos Gregorio, de 17 años, se repetían cuatro pasos clave: "Disparos. Sigilo. Emboscada. Dormirlos".
 
 Sobre una mesa de escritorio se había esmerado en moldear una macabra casa de muñecas, su propio escenario del crimen. Con plastilina negra construyó una maqueta del domicilio de sus víctimas, en un barrio humilde del oriente de la Ciudad de México.

Y en uno de los cuartos colocó cinco muñecos. Cuando Félix Campos llegó del trabajo y abrió la puerta de su casa, su mujer y su hija de 14 años estaban desangradas en el suelo de la cocina, colocadas exactamente igual que el muchacho las había imaginado con sus figuras. Una encima de la otra. La pequeña todavía respiraba.

También mató al perro a machetazos, como había anticipado en su cuaderno escolar. ampliar foto La maqueta hecha con plastilina de la casa de las víctimas. En la parte infe
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